Elx ha tenido dos emplazamientos notorios a lo largo de su historia. El primero en el
yacimiento de l’Alcudia, situado dos kilómetros
al sur del actual núcleo urbano, habitado desde el neolítico
hasta la etapa visigoda, que ofrecía la ventaja estratégica
de su fácil defensa gracias al río Vinalopó. El
núcleo primitivo se desarrolló hasta configurar en el
siglo V a. C. la
ciudad ibérica de Heliké, que perduró
hasta la invasión cartaginesa en el 280 a. C. Fue la época
esplendorosa de la cultura ibérica, en la que se esculpieron
esculturas como la de la Dama d’Elx, el principal exponente de
este periodo, que se encuentra en el Museo Arqueológico
Nacional en Madrid y que corresponde a un busto de una mujer
ricamente enjoyada.
En el año 209
a. C. la ciudad ibérica se romaniza, y ya en el siglo I a. C.
adquiere el título de Colonia Iulia Ilice Augusta, rango que
sólo tuvieron en la actual Comunidad Valenciana Illici (Elche)
y Valentia (Valencia), y que incluso gozó del privilegio
imperial de acuñar su propia moneda. Tras la decadencia del
Imperio Romano fueron constantes las destrucciones y reconstrucciones
a consecuencia de la llegada de los bárbaros y la etapa final
de los visigodos.
Con la llegada de los árabes la nueva urbe se levanta en su
emplazamiento actual entre los siglos VIII y IX, conocida como la
Vila Murada. La conquista cristiana de Jaime I, en 1265, obligó
a los musulmanes a marcharse al Raval de Sant Joan y a los judíos
a lo que hoy es la Iglesia del Salvador. A principios del
XVII, Elx pierde un tercio de su población a consecuencia de
la expulsión de los moriscos. En el XIX surgió la
importante actividad alpargatera, origen de la actual industria del
calzado que potenció el crecimiento de la ciudad.
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