La palmera era conocida en Elx desde tiempo inmemorial. Semillas de dátil fosilizadas datadas aprox. en el año 2800 a.C. fueron encontradas en la Cueva de los Tiestos (Jumilla, Murcia), a menos de 56 km de Elx. En la actualidad, pueden ser contempladas en el Museo Jerónimo Molina de Jumilla.
En el yacimiento arqueológico de La Alcudia, a 2 km. al sur de la actual ciudad, se encuentran las ruinas de la ciudad ibérica de Heliké, y la colonia romana conocida como Colonia Iulia Ilici Augusta. Allí, vestigios de valiosas representaciones cerámicas prueban que los iberos empleaban hojas de palma en sus rituales. Esta cerámica demuestra que dichas hojas se utilizaban en su forma natural y también modificada con fines ceremoniales.
Las agrupaciones naturales de palmeras deben de haberse desarrollado cerca de los manantiales, como en el norte de África y que pueden verse representadas en las pinturas de las grutas de la edad de piedra en el Sahel.
Pero este no es el origen del Palmeral Histórico de Elx, que se trata de un oasis artificial, creado por la mano del hombre en su lucha por conquistar un entorno especialmente hostil y árido.
Entre los siglos VII y VIII d. C., la expansión del Islam propició una fusión revolucionaria de las técnicas agrícolas iranias, árabes y saharianas.
Los grupos árabes y beréberes que se asentaron en la Península Ibérica a partir del 711 trajeron consigo nuevos cultivos (arroz, algodón, cítricos, berenjenas, caña de azúcar, etc.) y un amplio espectro de técnicas de regadío, especialmente adaptadas a condiciones de severa aridez. Saberes ancestrales que, ya en la antigüedad, permitieron el florecimiento de extraordinarias civilizaciones en el desierto, como la Petra de los árabes nabateos.
La gestión racional del agua fue mejorada durante el apogeo del Islam. La creación de grandes huertas permitió el crecimiento de pueblos y ciudades. En urbes como Valencia, el agua de las acequias regaba los campos, suministraba energía a los molinos hidráulicos, y alimentaba complejas redes de saneamiento, desconocidas en la Europa cristiana. Nuevas ciudades, como Basora y Bagdad en el Oriente Musulmán, o Murcia en su extremo occidental, nacieron merced al desarrollo de complejos sistemas de regadío en su entorno.

En particular, dos grandes urbes del Islam occidental deben su prosperidad al establecimiento de grandes oasis artificiales: Marrakech, fundada en 1062 por el caudillo almorávide Yusuf Ibn Tashfin, y Elche, fundada hacia finales del siglo X por el califato de Córdoba. Ciudades hermanas que compartieron siglos de historia bajo soberanía almorávide y almohade.
Podemos afirmar con rotundidad que el gran oasis de Elx, el Palmeral, fue establecido por los fundadores musulmanes de la actual urbe, sita a una distancia de más de dos kilómetros de la Antigua Ilici. No en vano la Acequia Mayor, que
nutre el Palmeral a través de numerosos brazos de nombre árabe o arabizado, recorre los cimientos del núcleo islámico de la ciudad de Elx, tal y como la describiera, mediado el siglo XII, el geógrafo Al-Idrisi: “Elx es una villa construida en una llanura atravesada por un canal derivado del río. Este canal pasa bajo sus muros, y los habitantes hacen uso de él, porque sirve para los baños y corre por los mercados y calles. Las aguas del citado río son salobres. Para beber, los habitantes se encuentran en la necesidad de traer agua de lluvia de otros lugares, que almacenan en depósitos”.
En Elx, el regadío resulta indispensable para la práctica de la agricultura. Con menos de 300 mm de lluvia anual, únicamente especies de gran resistencia a la aridez, como el olivo, pueden prosperar sin el aporte artificial de agua. Las aguas superficiales disponibles para el regadío son, además, escasas y de mala calidad.
El río Vinalopó cuenta con un caudal promedio de tan sólo 0’3 m3 por segundo, y sus aguas son salobres. Los fundadores musulmanes de Elx diseñaron el Palmeral como medio para extraer el máximo partido a tan adversa dotación hídrica. Las palmeras soportan bien las aguas salobres, y su plantación ordenada permitió el cultivo de especies asociadas de igual tolerancia, como el granado o la alfalfa.
Los iluminadores del extraordinario manuscrito de las Cantigas de Santa María, obra capital de la literatura castellana redactada por el rey que, siendo infante, arrebatara primero Elx al Islam, Alfonso X el Sabio de Castilla, representan la urbe musulmana como una ciudad de palmeras.
En un pasaje que sorprende por su evocación del paisaje de Arabia, el geógrafo musulmán Ibn Said, que visitó Elx a principios del siglo XIII, hizo significativamente constar en sus escritos que, según opinión común, la ciudad de Elx recordaba a “la ciudad del profeta”, es decir, Madinat al-Nabi, actual ciudad de Medina en Arabia Saudí, fundada por Mahoma a la orilla de un oasis de palmeras cuando fue expulsado de la Meca (la Héjira, punto de arranque de la era musulmana).
El Palmeral de Elx, como paisaje artificial que refleja los valores y propósitos del grupo humano que lo creó, más allá incluso de su diseño técnico, es claramente un paisaje cultural.
El Palmeral, que según otro autor medieval, Ibn al-Yasa, producía los mejores dátiles de Al-Andalus, es un testimonio vivo y singular de la revolucionaria cultura hidráulica desarrollada por el Islam en la Península Ibérica.
Asimismo, el Palmeral también encarna el esfuerzo mudo de generaciones de campesinos; hombres y mujeres cuyo ingenio y laboriosidad transformó desiertos en vergeles, generando la riqueza material que sustentó el extraordinario esplendor de la cultura andalusí.
Por su valor económico, el gran oasis andalusí de Elx fue capaz de superar el impacto de la conquista cristiana y de otros sucesos históricos de enorme trascendencia, como la expulsión de los moriscos (1609), últimos descendientes de los fundadores andalusíes de Elx y su oasis. De hecho, los nuevos pobladores cristianos se afanaron por mejorar el rendimiento del Palmeral, introduciendo mejoras en el sistema de riego de la Acequia Mayor, como la construcción del actual pantano, entre 1632 y 1640.
Asimismo, Elx desarrolló, en asociación al culto cristiano, un rico artesanado de la palma blanca. La ciudad pronto fue conocida como “la Jerusalén de Occidente”. El simbolismo de la palma blanca tiene su máximo exponente en el Misteri o Festa d’Elx, drama sacro-lírico medieval de la Asunción de María, donde una gran palma blanca establece la conexión mística entre la Virgen, los Apóstoles, el coro celestial y el resto de los actores.
El Palmeral impresionó vivamente a los viajeros ilustrados del siglo XVIII, y a los artistas, geógrafos e ingenieros que lo visitaron en la centuria siguiente, época de máxima expansión de los huertos de palmeras, cuyo cómputo, sumando el Palmeral urbano y el disperso, debía superar ampliamente los 200.000 ejemplares.
El botánico Cavanilles (1797) dejó un bello testimonio del impacto que causaba la contemplación del gran oasis de Elx sobre el viajero: “Fatígase la vista al descubrir por todas partes eriales, aridez, descuido, y cerros que alargan el camino de suyo fatigoso; pero en saliendo de la última garganta, cuando se perciben las inmediaciones de Elx, y en ellas aquel bosque de olivos, precedidos de tanto campo cultivado; cuando en el centro de los olivos se ve aquella multitud de empinadas palmas que ocultan los edificios, y parte de las torres y cúpulas de la villa más populosa del reino, es tanta la sorpresa, tan dulce la sensación, que el espectador desea llegar a aquel nuevo país para conocer a fondo su valor, su hermosura, sus producciones y habitantes, digno todo ello de ser descrito con exactitud”.
El tránsito de los siglos XIX al XX marcó una inflexión dramática en la evolución del Palmeral. El impacto de las revoluciones industrial y urbanística puso en grave riesgo su continuidad histórica. El ferrocarril, inaugurado en 1884, seccionó en dos el gran Palmeral peri urbano e incentivó la ocupación de los huertos adyacentes por la incipiente industria ilicitana del calzado.
La ciudad, constreñida por el inmenso cinturón de palmeras, inició su crecimiento sobre la base de la destrucción de los huertos adyacentes.
La suerte del Palmeral parecía sellada, más aún si se considera que la agricultura de oasis perdió parte de su razón de ser por la entrada en servicio, entre 1915 y 1923, de las compañías “Nuevos Riegos El Progreso” y “Riegos de Levante”, que bonificaron el término de Elx con los sobrantes del río Segura y de algunos canales de desagüe (azarbes) de la Vega Baja, bombeados desde la laguna del Hondo. Desde 1979 los ilicitanos tienen también acceso a las aguas del trasvase Tajo-Segura.
Afortunadamente, los ilicitanos supieron reaccionar. Ya en la segunda década del siglo XX, se alzaron voces cualificadas en defensa del Palmeral, encabezadas por el archivero municipal, Pedro Ibarra y Ruiz. Merced a su perseverante campaña, el valor del Palmeral obtuvo reconocimiento a nivel local y nacional. La II República promulgó legislación en defensa del Palmeral en 1933, y en 1943, durante la dictadura del general Franco, fue declarado “Jardín Artístico”.
Entre los años 20 y 80, el Ayuntamiento de Elx desarrolló una prolija normativa encaminada a una protección más eficaz del Palmeral. El crecimiento urbano se concentró en la ribera derecha del Vinalopó, lejos de los huertos, y las intrusiones en el Palmeral, tuvieron como premisa el respeto a las palmeras y a la estructura del parcelario.
Desde el punto de vista de la historia del paisaje, el actual estado de conservación del Palmeral es razonable. Y el futuro se presenta prometedor, dado que desde mediados de los ochenta existe una firme política pública encaminada hacia la conservación y mejora del Palmeral. Una política que tiene sus hitos en la Ley por la que se regula la tutela del Palmeral de 1986 y el Plan General de Ordenación Urbana de Elche de 1997.
Resuelto el conflicto entre modernización y conservación del Palmeral, las principales inquietudes giran en torno al mejoramiento biológico de las palmeras datileras del Palmeral.
La Estación Phoenix está tratando este problema con éxito. También existen grandes expectativas relacionadas con la investigación encaminada hacia la obtención de especímenes mejorados capaces de convertir el cultivo de palmeras datileras en un negocio económicamente rentable. El mejoramiento biológico del Palmeral también queda garantizado por las actividades que lleva a cabo el Ayuntamiento, especialmente aquellas relacionadas con el trasplante de las palmeras jóvenes que se cultivan en sus viveros.
El Ayuntamiento también lleva a cabo un trabajo importante en el mantenimiento de las tradiciones vinculadas al cultivo y aprovechamiento de la palmera datilera. Hoy en día los mejores palmerers (trabajadores de la palmera) de Elx se encuentran en la plantilla del Ayuntamiento. Las artes y oficios tradicionales de la palmera también encuentran el apoyo del Ayuntamiento a través de la organización sistemática de talleres de la palmera. En dichos talleres, las personas interesadas pueden aprender la elaboración de la palma blanca y todas las maneras tradicionales en que este producto puede ser trabajado.
© Institut de Turisme d’Elx.
Institut de Turisme d’Elx | turisme@turismedelx.com | C/ Filet de fora, 1 | 03203 Elche SPAIN | Tel. +34 96 665 81 40