El campesinado andalusí supo aprovechar al máximo las escasas aguas de las tierras casi desérticas de Elx mediante la plantación y la gestión racional de las palmeras datileras.
Los límites de las parcelas regadas, dispuestas a lo largo de las acequias que toman el agua del vecino río Vinalopó, están definidos por alineamientos de palmeras datileras. Estos alineamientos actúan como pantallas vivas que preservan los cultivos asociados de una excesiva exposición al sol y a los vientos. El microclima resultante permite el desarrollo de cultivos asociados en los huertos de palmeras. El paisaje agrario resultante es conocido en Elx por la voz “Palmeral”, y en el resto del mundo por la de “oasis”.
Como resultado, en tierras donde el regadío simple difícilmente hubiese alcanzado a producir algo más que cereales, se desarrolló una agricultura intensiva a varios niveles (cultivo simultáneo de palmeras datileras, árboles frutales y herbáceas), que permitió el florecimiento de la ganadería y el artesanado.
Además, el Palmeral de Elx tiene un rasgo característico que lo hace diferente del resto de los palmerales del mundo, a saber: “la palma blanca”, una reliquia viva de la cultura de la palmera del Mediterráneo antiguo.
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